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¿Que es el Lupus?

El lupus es una enfermedad reumática sistémica y crónica, es decir, puede afectar a muchos órganos y/o sistemas: a las articulaciones, músculos, piel, riñón, pulmón, corazón…, aunque casi la mitad de los pacientes tienen afectación casi exclusiva de la piel y las articulaciones.

Una de las características de esta patología es que es una enfermedad muy heterogénea. Es difícil encontrar dos pacientes con los mismos síntomas y con los mismos patrones de la enfermedad. Eso complica muchas veces el diagnóstico.

La evolución de la enfermedad se desarrolla en fases de brote y otras en los que los efectos remiten. Asimismo, hay lupus muy graves y otros no tan graves, como los que se manifiestan y están limitados a afecciones en la piel.

En líneas generales, cuando una persona está diagnosticada con lupus, las células del sistema inmune agreden a las propias del organismo, provocando inflamación y daños en los tejidos. El lupus actúa produciendo anticuerpos que sobreestimulan los linfocitos B (las células que producen los anticuerpos).

Esta patología afecta principalmente a las mujeres en edad fértil (entre 20 y 40 años). Se han descrito además casos en niños y personas mayores.

Causas

La causa del lupus eritematoso sigue siendo desconocida. Sin embargo, al tratarse de una enfermedad autoinmune hay distintos factores que sí se conocen, que pueden influir y provocar la patología. Según la Sociedad Española de Reumatología, es probable que el agente que pone en marcha la enfermedad sea un virus, pero se requiere la conjunción de otros factores para que aparezca la patología.

Otras de las causas que se barajan tienen que ver con la genética. Se ha comprobado en gemelos que, si uno ellos tiene la enfermedad, el lupus tiende a aparecen con mayor frecuencia en el otro hermano. Sin embargo, aún se desconoce qué genes concretos son responsables de esta enfermedad.

Los factores ambientales también podrían incidir en esta patología. Se considera que, por ejemplo, la exposición a la luz solar podría ser un factor potenciador de la patología. Muchos individuos con lupus tienen fotosensibilidad a los rayos ultravioleta. Algunos medicamentos también pueden desencadenar un brote de esta patología.

Asimismo, las hormonas, en concreto los estrógenos femeninos, pueden estar implicadas en la enfermedad. De hecho, el lupus es una enfermedad mucho más frecuente en la mujer  que en el hombre.

¿cuales son los riesgos graves del lupus para la salud?

Los riesgos más graves para la salud son la enfermedad cardiovascular, la enfermedad renal y el accidente cerebrovascular. Las personas con lupus tienen especialmente mayor riesgo de presentar ateroesclerosis (endurecimiento de las arterias). En algunas personas, la inflamación puede observarse en el mismo corazón (miocarditis y endocarditis) o en la membrana que lo rodea. La endocarditis puede dañar las válvulas cardíacas y producir soplos en el corazón. Cuando la enfermedad afecta a los riñones, los pacientes suelen requerir tratamiento intensivo con medicamentos para evitar el daño permanente. El lupus también puede atacar al cerebro o al sistema nervioso central y producir convulsiones o un accidente cerebrovascular.

¿cómo se diagnostica el lupus?

No existe una prueba exclusiva de diagnóstico definitivo del lupus y podría llevar meses, o incluso años, para tener certeza de la enfermedad.  Por lo general, el médico realizará un historial médico completo y un examen físico que incluye análisis de sangre. El médico también puede tomar biopsias (extracción de muestras de tejido que luego se examinan con un microscopio) de la piel o de los riñones para hacer un diagnóstico.

Síntomas:

Los síntomas más comunes del lupus son cansancio extremo, erupción malar, inflamación de las articulaciones y fiebre sin causa aparente.

Cansancio
Entre el 50 y el 90 % de las personas que padecen lupus identifican el cansancio como uno de los síntomas principales. Aparentemente, son muchos los factores que provocan el cansancio intenso asociado al lupus, entre ellos, la evolución de la enfermedad, los trastornos de ansiedad o del sueño, la carencia de vitamina D y la falta de actividad física. Los científicos difieren respecto de si existe, además, una relación entre el cansancio y la enfermedad en sí misma o los tratamientos utilizados para tratarla.

Independientemente de la causa, es evidente que el cansancio puede afectar de manera considerable la calidad de vida del paciente, lo que incluye una disminución de la capacidad de funcionamiento en el hogar y el trabajo. Dos estudios realizados mediante una red de ensayos clínicos establecida por la Alianza para la Investigación del Lupus (Lupus Research Alliance) buscan identificar mejores métodos para medir el cansancio de forma objetiva.

Erupción malar
Alrededor de la mitad de las personas con lupus experimenta una erupción “malar” roja característica o un cambio en la coloración con forma de mariposa que puede producirse en las mejillas y el puente nasal. La erupción puede permanecer durante días o semanas y suele ser dolorosa o pruriginosa. Las erupciones también pueden aparecer en el rostro y las orejas, la parte superior de los brazos, los hombros, el pecho y las manos, así como en otras áreas cuando se exponen a la luz solar.

Dado que muchas personas con lupus presentan sensibilidad a la luz solar (denominada fotosensibilidad), las erupciones de la piel suelen desarrollarse o empeorarse al exponerse a ella. Algunas personas señalan que la aparición de una erupción en forma de mariposa es una señal de que sufrirán un brote de la enfermedad.

Dolor e inflamación de articulaciones
Hasta el 90 % de las personas que padecen lupus desarrollarán artritis, que se define como la inflamación o hinchazón del revestimiento de las articulaciones. Los síntomas más comunes de la artritis son la rigidez y el dolor articular, generalmente en las manos y las muñecas.  Los síntomas de la artritis pueden aparecer y desaparecer, así como pasar de una articulación a otra.  El dolor y la rigidez suelen ser peores por la mañana y mejorar progresivamente durante el día. Los enfermos de lupus también pueden sufrir dolor en las articulaciones sin presentar inflamación ni sensibilidad, lo que se conoce como artralgia.

Fiebre
La mayoría de las personas con lupus eritematoso sistémico (LES) tiene fiebre sin causa aparente (temperatura de más de 37,8 °C [100 °F]). Los médicos normalmente recomiendan medicamentos antiinflamatorios no esteroideos (AINE) (ibuprofeno, profenid…)

 Tratamientos

El tratamiento de la enfermedad no está supeditado a una sola terapia. Es muy distinto según el órgano al que afecte. Los corticoides se consideran el tratamiento básico, puesto que todos los afectados en un momento u otro los precisan.

En manifestaciones menores como la artritis, la pleuropericarditis o las manifestaciones cutáneas se suelen utilizar antiinflamatorios no esteroideos (AINE) junto con corticoides.

Si los órganos dañados son el pulmón, el corazón, el sistema nervioso central o el riñón el tratamiento debe de ser mucho más agresivo y se basa en corticoides en dosis muy altas y complementos con tratamientos inmunosupresores.

Si la enfermedad presenta síntomas como fiebre, cansancio o afecciones cutáneas, el tratamiento será menos agresivo y con corticoides tópicos y/o antipalúdicos. Además de para la malaria, los antipalúdicos se emplean en el lupus para el tratamiento de la artritis, de algunas lesiones de la piel y para cuando existen síntomas pleurales y pericárdicos.

En los últimos años se ha incorporado un nuevo fármaco biológico, el belimumab, para controlar algunas de las manifestaciones de esta enfermedad.

La alimentación debe de ser completa, sana y equilibrada. No hay ningún alimento perjudicial para el paciente.

Por otro lado, cuando la enfermedad afecta al riñón y sobre todo, cuando hay hipertensión arterial los pacientes tienen que saber que no es recomendable que consuman alimentos salados o condimentados.

Dependiendo de las características individuales, a los pacientes lúpicos se les suelen recomendar extremar la protección frente a la exposición solar, especialmente en aquellos que tienen problemas cutáneos, tomar precauciones frente a infecciones, estar al día de vacunaciones específicas, así como unos cuidados especiales durante el embarazo.

Objetivos de un plan de tratamiento:

  • Prevenir o tratar los brotes de la enfermedad
  • Prevenir o reducir el daño a los órganos y a las articulaciones
  • Reducir la inflamación y el dolor
  • Ayudar al sistema inmunitario
  • Equilibrar las hormonas
  • evitar complicaciones potenciales tales como (enfermedades cardiacas,renales,complicaciones en el embarazo,inflamación de la médula espinal y deterioro del sistema nervioso central.)

 

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¿QUE ES LA ARTRITIS REUMATOIDE?

La artritis reumatoide es una enfermedad crónica y degenerativa que se caracteriza por provocar la inflamación de la membrana sinovial (membrana que alimenta, protege y cubre los cartílagos) de las articulaciones y en los tejidos circundantes. En algunas ocasiones la artritis puede tener un comportamiento extraarticular y dañar órganos y sistemas como el corazón, el riñón y el pulmón. Por este motivo es una enfermedad sistémica.

La inflamación de esta membrana es la responsable del dolor, de la hinchazón claramente visible, de la sensación de rigidez que los pacientes pueden sentir por las mañanas y de la pérdida de la movilidad articular.

Afecta con más intensidad a unas articulaciones que a otras, principalmente a las más móviles como las manos y los pies, los codos, los hombros, las caderas, las rodillas y los tobillos. Hay algunas que nunca se ven afectadas.

Si la inflamación permanece de forma mantenida y no se controla puede acabar dañando los huesos, los ligamentos y los tendones que hay alrededor de la articulación. Esto puede provocar una deformidad progresiva de las articulaciones y la pérdida de la capacidad para realizar movimientos y tareas cotidianas. Todo esto repercute en la calidad de vida de los pacientes.

Causas

La  aparición de esta enfermedad es desconocida. Se han estudiado agentes infecciosos como las bacterias o los virus y, aunque se han encontrado datos sugerentes en algunos casos, aún no hay evidencias que confirmen su implicación.

Los especialistas creen que puede tener un origen genético puesto que el propio sistema inmune ataca a las articulaciones porque no las reconoce como propias y por ello se inflaman. Lo que se conoce como enfermedad autoinmune. Asimismo, se cree que ciertas proteínas  que se transmiten de forma hereditaria podrían predisponer a la enfermedad.

Las diferencias en la frecuencia de la enfermedad hacen que los especialistas también sugieren que existen factores medioambientales que intervienen en la aparición de la enfermedad.

Evalúa tus síntomas

Síntomas

El síntoma principal de esta enfermedad es la afectación de las articulaciones diartrodiales. Inicialmente se produce una inflamación que resulta apreciable a simple vista y causa dolor en el individuo que la padece. Junto con la inflamación, pueden aparecer otras manifestaciones como son el aumento de volumen, rigidez tras el descanso nocturno que va desapareciendo progresivamente a medida que el paciente ejerce su actividad diaria, debilidad muscular y limitación de la movilidad.

Asimismo, pueden aparecer abultamientos duros (nódulos reumatoides) en las zonas de roce de la piel como los codos, el dorso de los dedos de las manos y de los pies, que también pueden localizarse en el interior del organismo.

Si la enfermedad está en un estadio avanzado, el paciente puede tener alguna deformidad debido al deterioro progresivo de las articulaciones afectadas. Además, puede evolucionar y afectar a órganos vitales como el riñón o el pulmón.

A menudo causa sequedad de la piel y las mucosas. Esto ocasiona una inflamación y posterior atrofia de las glándulas que generan las lágrimas, la saliva, los jugos digestivos o el flujo vaginal (síndrome de Sjögren).

También puede producir algo de fiebre y, en ocasiones, inflamación de los vasos sanguíneos (vasculitis), que provoca lesiones de los nervios o llagas en las piernas (úlceras). Otros síntomas son la inflamación de las membranas que recubren los pulmones (pleuritis) o de la envoltura del corazón (pericarditis), o bien la inflamación y las cicatrices de los pulmones pueden producir dolor torácico, dificultad para respirar y una función cardíaca anormal.

“A largo plazo, las consecuencias de la enfermedad dejada a su evolución son la limitación e incapacidad para la realización, inicialmente, de las actividades laborales y, posteriormente, de la vida diaria del sujeto que la padece.

Prevención

En la actualidad no existe ninguna medida que ayude a prevenir la aparición de la artritis reumatoide. No obstante, los expertos recomiendan realizar actividad física de forma habitual para favorecer el uso de todas las articulaciones.

Además, una vez que la artritis reumatoide se ha diagnosticado, recomiendan seguir adecuadamente el tratamiento para prevenir el avance de la enfermedad.

Diagnóstico

Aunque no existen pruebas específicas, el diagnóstico de esta patología es relativamente sencillo si el paciente acude al reumatólogo ante la sospecha de tener algunos de los síntomas ya descritos.

Si la enfermedad está en una fase inicial, el diagnóstico puede ser más complicado ya que todos los síntomas puede que no aparezcan en las pruebas del laboratorio, ya que la valoración de la enfermedad es fundamentalmente clínica. “Se hace en presencia de una serie de signos y síntomas en las articulaciones en forma de poliartritis (artritis de múltiples articulaciones) de naturaleza simétrica), curso crónico (más de 6 semanas) y con afectación prácticamente constante de articulaciones de manos”, especifican desde la Sociedad Española de Reumatología.

El problema a la hora de diagnosticarlo es que existen otras enfermedades reumáticas, como el lupus o la artritis psoriásica que en las fases iniciales pueden confundirse con la artritis reumatoide.

Durante la evaluación el reumatólogo puede realizar una serie de exploraciones complementarias para facilitar el diagnóstico:

  • Análisis de sangre.
  • Pruebas del factor reumatoide.
  • Prueba para detectar anticuerpos frente a péptidos citrulinados. Estos anticuerpos están presentes en las dos terceras partes de los pacientes con esta patología.
  • Radiografías para detectar la presencia de erosiones.

Tratamiento

La artritis reumatoide es una enfermedad crónica que en la actualidad no tiene ningún tratamiento que permita curar la patología. Sin embargo, las terapias farmacológicas y estrategias de tratamiento son muy eficaces y permiten un buen control de la enfermedad.

El tratamiento de la artritis reumatoide engloba dos tipos de fármacos: los que se utilizan para aliviar el dolor (antiinflamatorios y corticoides), y los que sirven para modificar la enfermedad a largo plazo. Estos últimos pueden ser efectivos semanas e incluso meses después del tratamiento. No son eficaces en el cien por cien de los pacientes, según la Sociedad Española de Reumatología, por lo que habitualmente el médico prescribe varios de forma secuencial hasta encontrar aquel que sea más eficaz y mejor tolerado por el paciente.

El pilar fundamente de la terapia son los fármacos antirreumáticos modificadores de la enfermedad (Fames). Entre ellos, el más utilizado es el metotrexato. Otros medicamentos serían la sulfasalazina, la leflunomida o las sales de oro (hoy en día en desuso).

La prescripción precoz de estos tratamientos es fundamental para reducir al máximo la inflamación articular y la progresión de la enfermedad.

En los casos en los que los Fames no funcionan de forma adecuada los especialistas tratan la patología con terapias biológicas. Estos son medicamentos diseñados con fórmulas complejas que incluyen los antagonistas del TNF (etanercept, adalimumab e infliximab), abatacept y rituximab. Estos fármacos han demostrado ser muy eficaces para mejorar el dolor y la inflamación y para evitar la destrucción articular.

Tanto las terapias biológicas como los Fames pueden tener efectos secundarios, pero en general son bastante seguros y los pacientes los toleran bien.

Si la enfermedad está muy avanzada, el paciente puede necesitar cirugía.

Vivir con la enfermedad

El primer paso que debe dar una persona diagnosticada con artritis reumatoide para adaptarse a su enfermedad es evitar llevar una vida agitada, los movimientos bruscos e intentar dormir una media de 8 horas.

Además, conviene que estos pacientes evitan aquellos trabajos que requieran un ejercicio físico intenso. Durante la jornada laboral, deben mantener una posición recta en el asiento y evitar permanecer con el cuello o la espalda flexionados durante mucho tiempo. Asimismo, durante el reposo es conveniente mantener una postura adecuada, evitar doblar las articulaciones y mantener los brazos y las piernas estirados.

Respecto al calzado, los especialistas aconsejan que sea elástico, firme y de piel. El talón debe estar sujeto, la puntera ancha y el empeine lo suficientemente alto para que no se produzcan rozaduras.

La obesidad puede provocar una sobrecarga sobre las articulaciones, por ello, hay que intentar llevar una dieta sana y equilibrada y evitar aumentar de peso.

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26 De Enero Día Mundial contra la Lepra.

El último domingo del mes de enero se celebra el Día Mundial contra la Lepra con el objetivo de concienciar a la sociedad sobre esta enfermedad y reducir el estigma que sufren las personas que la padecen.

En 1991 la Organización Mundial de la Salud programó la eliminación de la lepra para el año 2000. La meta no se cumplió, pero se hicieron muchos avances gracias a los esfuerzos conjuntos de varias instituciones y a la distribución gratuita de medicación.

¿Qué es?

La lepra o enfermedad de Hansen es una enfermedad infecciosa crónica producida por la bacteria Mycobacterium Leprae (bacilo ácido-alcohol resistente) que afecta, especialmente, al sistema nervioso periférico, la piel, la mucosa de las vías respiratorias superiores y los ojos. Se caracteriza por la aparición de úlceras cutáneas, falta de sensibilidad en la piel y debilidad muscular.

El ser humano es el único blanco conocido para esta enfermedad. Aunque el contagio es muy difícil, se produce de persona a persona por contacto directo cuando hay proximidad con un enfermo no tratado debido a que se transmite a través de gotículas nasales y orales.

Causas

La lepra surge por la bacteria Mycobacterium Leprae. Su período de incubación oscila entre los nueve meses y los 20 años, según datos ofrecidos por el Ministerio de Sanidad y Servicio Sociales de Igualdad.

La transmisión se produce principalmente cuando una persona con lepra estornuda y los que están a su alrededor aspiran esas gotas en el aire contaminado, cuando existe un contacto estrecho y habitual con enfermos no tratados. Muchas de las personas que entran en contacto con una persona enferma no acaban infectadas porque su sistema inmune aplaca la bacteria.

Los más afectados suelen ser jóvenes de entre 20-30 años. Sin embargo deben tener especial cuidado las embarazadas, ya que, pueden transmitirles al feto la infección, en este caso, es recomendable realizar las pruebas pertinentes al recién nacido. Raramente aparece en menores de tres años.

Síntomas

Las principales manifestaciones que pueden aparecer son las siguientes:

  • Las lesiones cutáneas son las reacciones más frecuentes. Suelen ser más claras que el color normal de la piel.
  • Pueden aparecer lesiones en la piel que no curan después de algunas semanas o meses.
  • Adormecimiento de la piel debido al daño en los nervios debajo de la piel.
  • Debilidad muscular.

Prevención

El riesgo de contraer lepra es muy bajo, aún así, la mejor manera de prevenir la enfermedad es el diagnóstico y tratamiento precoz de las personas infectadas y realizar controles a los que  han estado en contacto con los enfermos de lepra.

Tipos

Existen dos tipos de lepra:

  • Lepra Paucibacilar (PB): es la menos grave (2-5 lesiones cutáneas). Aparecen manchas en la piel y pérdida de sensibilidad en esas zonas. Las personas contagiadas con este tipo de lepra responden rápidamente al tratamiento.
  • Lepra Multibacilar (MB): es la más grave, pero tiene cura. Se caracteriza por múltiples lesiones cutáneas, inflamación de los nervios, congestión nasal y epistaxis

Diagnóstico

Para saber con exactitud si padece la enfermedad se pueden realizar una serie de pruebas: la biopsia de la piel o raspado de la piel. Se trata de una extracción de una muestra de la piel para su examen microscópico. No suele tardar más de 15 minutos. Hay distintos tipos de biopsia de la piel según la profundidad de la muestra extraída.

Otra prueba que puede realizar el especialista es la lepromina cutánea, es un examen para determinar qué tipo de lepra padece la persona. En estos casos, el médico inyecta una muestra, no infecciosa, debajo de la piel y marca el sitio de la inyección que será examinado a los tres días y a los 28 para ver si hay reacción y cuantificarla.

Tratamientos

Según la Organización Mundial De La Salud, el primer avance importante en el tratamiento se realizó en los años 40 con la dapsona. En los años 60 se conocieron la rifampicina y la clofazimina, juntos se añadieron, a lo que hoy conocemos como tratamiento multimedicamentoso (TMM). La OMS proporciona el tratamiento multimedicamentoso gratuitamente a todos los enfermos de lepra.

El TMM consiste en la administración de dapsona y rifampicina para todos los pacientes, a los que se añade clofazimina en caso de enfermedad multibacilar (la más severa).

En la actualidad para la lepra paucibacilar se recomienda una combinación de rifampicina y dapsona durante seis meses y una combinación de rifampicina, dapsona y clofazimina durante 12 meses en la lepra multibacilar, prolongándose más tiempo en casos especiales.

Control del progreso del tratamiento:

  • En las citas mensuales, el personal correspondiente deberá vigilar la aparición de reacciones adversas, por ejemplo, la diarrea
  • Cada año se debe realizar un examen clínico que se compone de: una exploración física en general, una valoración clínica específica de lepra y el estudio bacteriológico.

El conocimiento que se tiene actualmente de la enfermedad hace posible la eliminación de la misma, a lo que se tiene que sumar esfuerzos médicos, sociales, políticos y científicos.

Otros datos

Complicaciones

La lepra si no se trata puede causar:

  • Daño en los nervios de los dedos, los pies, las manos. Esto puede provocar que la persona no sienta dolor ni sensibilidad térmica en esas áreas.
  • Desfiguramiento.
  • Debilidad muscular.

 

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